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Columna: El desahogo de un hincha “cruzado” a un año de perder el bicampeonato a manos de la U

Lucas Pratto ante la U 12 de junio 2011

Por Juan José Rodríguez

Twitter: @jayjayrodriguez

Recuerdo ese fin de semana de manera extraña. El 2-0 de Milovan en  los 90’+1 lejos de  generar tranquilidad en mí, sembró un manto de dudas de cómo podríamos responder a tamaño favoritismo. El  bicampeonato nunca estuvo tan cerca: Él 85 y 88 Cobreloa marcó diferencias muy claras como para siquiera imaginárselo en algún pasaje del año; menos el 97 dónde no supimos aprovechar el 4-1 de los juveniles  frente a nuestro rival de turno Colo Colo para marcar la pauta;  el 2002 nunca partimos realmente como favoritos en aquella final, si el que estaba al frente era nuevamente el cacique, un rival con el que cualquier error ni sus delanteros ni los árbitros perdonan ni perdonaron; y por último el 2006 donde lamentablemente la era Pellicer venía en descenso. Acá me detengo un momento para señalar que -a título personal- si hay un DT en los últimos 10 años que mereció un bicampeonato es precisamente Jorge Pellicer.

Volvamos al fatídico día. Dicha mañana no daban ganas de ver a nuestros hinchas de cartón festejando algo que no se había ganado y sobre todo riéndose del rival “antes de” (a juicio mío eso no se hace ni antes ni después si es con faltas de respeto o insultos incluidos). Lamentablemente, los chistecitos de la leche Milo y las galletas Costa inundaban los campos llanos que debían guiarnos a la victoria, con un mar de triunfalismo barato y de aquella soberbia predecesora de históricas caídas. En la cancha, el ambiente era tenso.  En las inmediaciones del estadio casualmente  entre los miles de cruzados me encontré con un amigo con quien  fui a la final del 2005. El escenario era el mismo, nuevamente llegábamos con ventaja para ganar la final y éramos más locales que nunca. En ese momento, una especie de “deja-vu” apareció como respuesta al porqué sentía tamaña tensión. Por fútbol ese 2005 éramos mucho más favoritos y nos costó una enormidad alzar la copa, mientras que en este caso el favoritismo venía por la abultada diferencia de goles más allá del juego. La consigna debía ser una: no salir a perder por poco. Que hizo Pizzi? : salió a perder por poco.

Los laicos salieron como tromba en la ida, y el equipo respondió a la perfección. Se ganó 2-0 con autoridad. Para la vuelta: ¿Cuál era la idea de cambiar y poner un equipo más defensivo? Todos los profesionales, dentro de los cuales obviamente se incluyen los entrenadores tienen errores y defectos pero lamentablemente “El Macanudo” eligió mal el día para sacarlos a flote y marcó a fuego a miles de cruzados con sangre, dolor y lágrimas. Sobre el partido no hay mucho que comentar, se perdió por errores propios. La clave fue no aguantar los minutos posteriores al gol de Pratto, donde a los azules les contaron hasta 9 y así y todo nos pusieron un jab con el error de Eluchans. Sobre Osses no opino, pero creo que se excedió en la expulsión de Costa. Si no mostraba amarilla en ninguna de las dos jugadas no pasaba nada y esto era una final. A Colo Colo no le hace eso. En todo caso de robo, nada. Para los más jóvenes, si quieren ver un robo consíganse el video del partido del 94 arbitrado por un tal Carlos Robles.

El vía crucis posterior al partido con el festival de bocinazos y epítetos en mi contra caminando por Antonio Varas cerraron la peor noche futbolística de mi vida. La frente alta mirando al cielo, más que el porvenir buscaba el camino a una explicación. Las estocadas de Canales fueron una puñalada  a mi cruzado corazón, peor que el gol de Salas el 94 donde tenía 14 años y el fútbol era todo en mi vida. Ahora tengo otras prioridades, pero el amor por la UC es exponencial y sinceramente no sé que voy a hacer cuando sea viejo si este sentimiento aumenta así cada año, si te llevo en mi piel, si esta locura no la van a entender. Gracias por existir UC.

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