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Muchos sirios ya desplazados tienen que desplazarse otra vez

BEIRUT (AP) — Luego de vivir durante años en un campamento de carpas para desplazados en el noroeste de Siria controlado por los rebeldes, Alí Abu Yassin solía envidiar a amigos y parientes que tenían paredes de ladrillo a su alrededor y techos sólidos encima de su cabeza.

La situación se revirtió tras el devastador terremoto de magnitud 7,8 que azotó el lunes Turquía y Siria, países en los que dejó más de 23.000 muertos, provocó la caída o dañó decenas de miles de edificios y potencialmente desplazó a millones de personas.

Más de 20 de los parientes de Abu Yassin perdieron la vida cuando sus edificios de apartamentos se desplomaron a consecuencia del sismo en el cercano poblado de Bisnya, señaló, incluida la familia completa de un primo, de 14 integrantes.

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Abu Yassin se encaminó a la localidad para ayudar con las labores de rescate.

“Nos llevó dos días extraer sus cuerpos y enterrarlos en una fosa común”, indicó Abu Yassin por teléfono desde la provincia de Idlib, controlada por los rebeldes. Desde la carpa que alguna vez deseó dejar, el padre de tres hijos dijo: “Soy tan afortunado. Es la voluntad de Dios”.

Antes del terremoto, la insurrección siria que comenzó hace 12 años y se transformó en una guerra civil ya había obligado al desplazamiento de la mitad de los 23 millones de habitantes que había en el país antes del conflicto. Abu Yassim estaba entre ellos: hace años huyó de su vivienda en otra parte de Idlib.

Ahora el sismo ha provocado una nueva ola de desplazados.

La franja afectada por la destrucción incluyó el enclave controlado por los rebeldes, ubicado en la provincia de Idlib, al igual que ciudades controladas por el gobierno y en las que habita un elevado número de personas, como Alepo, Hama y Latakia. La Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) dijo el viernes que hasta 5,3 millones de personas en Siria podrían haberse quedado sin hogar.

Para muchos, este es su segundo desplazamiento.

Wassim Jaadan dejó su casa en el poblado de Zardana en Idlib, controlado por los rebeldes y que en ese entonces estaba siendo atacado por fuerzas gubernamentales, y huyó a Líbano con su familia en 2013. Nueve años más tarde, después de que Líbano se hundió en una prolongada crisis económica y ya no podían pagar la renta, Jaadan trajo a su esposa y a sus cuatro hijos de vuelta a Zardana.

“La situación económica estaba mejor que en Líbano, y aquí teníamos a nuestra familia, a nuestros padres”, señaló.

Cuando el terremoto azotó el lunes, la familia se despertó debido a un tembor ligero que rápidamente se tornó más violento. Lograron escapar antes de que el edificio se desplomara y quedara convertido en escombros.

Ahora la familia vive en una carpa, que está casi vacía debido a que todas sus posesiones fueron destruidas. “Estamos a punto de morir por el frío”, señaló Jaadan. “No puedo pensar debido al estupor”.

La ACNUR indicó en un comunicado que está tratando de garantizar que los refugios que albergan a los desplazados tengan instalaciones adecuadas, así como carpas, revestimiento de plástico, frazadas térmicas, colchonetas para dormir y ropa invernal.

Sin embargo, la ayuda ha llegado con lentitud a muchas áreas. El primer convoy de 14 camiones con ayuda para hacer frente a las consecuencias del terremoto cruzó a través de Turquía hacia el noroeste de Siria el viernes, le dijo a The Associated Press un portavoz de la ONU. La carretera que conduce al cruce fronterizo de Bab al-Hawa estuvo obstruida durante días tras el sismo debido a daños en el pavimento y escombros de edificios que se vinieron abajo.

En las áreas rurales del noroeste de Siria hay “decenas de miles de personas desplazadas que están quedándose debajo de árboles de olivo en medio de temperaturas heladas”, dijo Raed Saleh, jefe del grupo opositor Defensa Civil Siria, también conocido como Cascos Blancos, durante una conferencia de prensa el viernes. Indicó que 500 edificios del noroeste del país están totalmente destruidos, 1.400 se derrumbaron parcialmente y decenas de miles de viviendas resultaron dañadas.

En otras áreas afectadas por el terremoto, las personas desplazadas atestaban refugios temporales en iglesias y mezquitas, escuelas, hoteles y gimnasios.

En su primera visita a áreas afectadas por el sismo, el presidente Bashar Assad y su esposa Asma acudieron a dos albergues el viernes en la ciudad norteña de Alepo y a una cocina que prepara 3.000 comidas diarias para desplazados.

En la ciudad costera de Latakia, donde Assad cuenta con un amplio número de simpatizantes, unas 2.000 personas atestaban el centro deportivo de la ciudad.

Bajo una manta con el rostro de Assad y una bandera de Siria, el piso de la cancha central de baloncesto estaba lleno de colchones y sacos de dormir. Las familias con chaquetas invernales se acurrucaban para mantenerse en calor y comían alimentos calientes proporcionados por una organización local de ayuda humanitaria.

Wardah al-Hussein, de 67 años y madre de nueve hijos, dijo que ha estado durmiendo en el estadio desde el terremoto. Originalmente de Alepo, está iniciando su segundo desplazamiento.

“Huimos de nuestra ciudad y nuestra casa fue destruida, y vinimos aquí”, declaró. “Ahora, debido al terremoto, pasamos otra vez por todo eso”.

Las personas cuyas viviendas no se desplomaron las han abierto a parientes y vecinos.

Mustafá Alí, un residente del poblado de Atmeh, ubicado en el noroeste y controlado por los rebeldes, dijo que dos familias de parientes ya se mudaron con su familia a su apartamento de tres recámaras mientras aguardan a que los expertos se aseguren de que sus propias viviendas estén en buenas condiciones para habitarlas.

“Lo que la gente necesita urgentemente ahora son tiendas de campaña”, así como ropa caliente y leche de fórmula para lactantes, dijo Alí.

Un trabajador de ayuda humanitaria que radica en el norte de Siria, que habló a condición de guardar el anonimato porque no está autorizado a hacer declaraciones a los medios de comunicación, dijo que ocho instalaciones amplias, entre ellas un centro donde anteriormente se atendía a pacientes de COVID-19, han sido abiertos para recibir a los desplazados en la región.

Un agravante de los problemas de los desplazados, señaló, es que los precios de los alimentos están subiendo tras el terremoto debido a que los suministros son limitados.

“Nuestras condiciones son miserables”, manifestó. “Necesito ayuda ahora”.

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El reportero de The Associated Press Abdelrahman Shahin en Latakia, Siria, contribuyó a este despacho.

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