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Millones en África padecen escasez de electricidad

JOHANNESBURGO (AP) — Desde Zimbabue, donde muchos tienen que trabajar de noche porque es la única hora del día en que hay luz eléctrica, a Nigeria, país en el que la red suele presentar fallas, el suministro confiable de electricidad sigue siendo difícil de alcanzar en toda África.

La escasez de energía que asola a muchos de los 54 países africanos constituye un lastre serio para el crecimiento económico del continente, advierten expertos.

En años recientes, la generación de energía en Sudáfrica se ha vuelto tan deficiente que la economía africana más desarrollada debe hacer frente a apagones escalonados de entre 8 y 10 horas al día.

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Las enormes ciudades africanas tienen suministros erráticos de electricidad, pero extensas franjas rurales del continente no tienen nada. En 2021, el 43% de los africanos —aproximadamente 600 millones de personas— carecían de acceso a la luz eléctrica, de las cuales 590 millones residen en el África subsahariana, según la Agencia Internacional de la Energía.

Se requieren inversiones de casi 20 mil millones de dólares al año para conseguir la electrificación universal del África subsahariana, de acuerdo con cálculos del Banco Mundial. De esa cifra, se necesitan casi 10 mil millones de dólares al año para llevar electricidad y mantener un suministro constante en el occidente y el centro del continente.

Existen muchas razones por las que África tiene un pésimo suministro eléctrico, entre ellas infraestructura vieja, falta de supervisión gubernamental y falta de conocimientos para darle mantenimiento a las redes eléctricas, según Andrew Lawrence, experto en energía de la Facultad de Negocios de la Universidad de Witwatersrand, en Johannesburgo.

Un problema histórico es que muchos regímenes coloniales construyeron sistemas eléctricos destinados en gran medida a la minoritaria población blanca, los cuales excluían a amplios sectores de la población negra.

En la actualidad, muchos países africanos dependen de compañías eléctricas propiedad del Estado.

En los dos últimos años se ha puesto mucha atención en la iniciativa Just Energy Transition (Transición hacia una Energía Justa), financiada por Occidente, a partir de la cual Francia, Alemania, Gran Bretaña, Estados Unidos y la Unión Europea están ofreciendo fondos para ayudar a los países más pobres a hacer la transición desde la energía generada con carbón a fuentes de energía renovables y amigables con el medio ambiente. África debería estar entre los mayores beneficiarios para expandir el acceso a la electricidad en el continente y mejorar sus problemáticas redes eléctricas, dijo Lawrence.

“La transición debería estar enfocada en hacer que las zonas rurales tengan acceso y darle prioridad a la electrificación del continente en general. Es algo que técnicamente es posible”, afirma.

Las potencias occidentales se comprometieron a proporcionar 8,5 mil millones de dólares para ayudar a Sudáfrica a dejar de utilizar sus centrales eléctricas a base de carbón, que producen el 80% de la energía del país.

A consecuencia de su dependencia del carbón, Sudáfrica figura entre los primeros 20 emisores del mundo de gases de efecto invernadero que favorecen el calentamiento del planeta, y es responsable de casi un tercio de todas las emisiones de África, según expertos.

A pesar de ello, el plan de Sudáfrica para prescindir del carbón se dificulta por su necesidad imperiosa de producir la mayor cantidad posible de energía todos los días.

Uganda, en el este del continente, también lleva años enfrentando cortes energéticos pese a una inversión masiva en la generación de electricidad.

Nigeria, el país más poblado de África, padece un suministro energético deficiente desde hace mucho tiempo, y sólo genera 4.000 megavatios, a pesar de que la población de 210 millones necesita 30.000 megavatios, dicen expertos. La nación de África Occidental es rica en petróleo pero no en energía eléctrica, ante lo cual ha incrementado sus inversiones en el sector energético, pero la corrupción endémica y la mala gestión han derivado en que haya pocos avances.

En Zimbabue, la escasez de electricidad que lleva años asolando al país ha empeorado, pues la autoridad estatal que gestiona Kariba, la presa más grande de la nación, ha limitado la generación eléctrica debido a los bajos niveles del agua.

Sequías sucesivas han reducido el nivel del lago Kariba a tal grado que, en la actualidad, la Central Hidroelectrica Sur de Kariba, que abastece a Zimbabue con más del 70% de su electricidad, está produciendo sólo 300 megavatios, muy por debajo de su capacidad de 1.050 megavatios.

Las centrales eléctricas de carbón de Zimbabue, que también proporcionan algo de electricidad, ya no son confiables debido a que su infraestructura es vieja y se descompone con frecuencia. El potencial del país en la generación de energía solar aún está lejos de desarrollarse por completo para que pueda incrementar el suministro de forma significativa.

Todo ello significa que el peluquero Omar Chienda de Harare nunca sabe cuándo contará con luz eléctrica para encender sus rasuradoras eléctricas.

“¿Qué podemos hacer? Simplemente tenemos que esperar a que regrese la electricidad, pero la mayoría de las veces regresa en la noche”, dice Chienda, de 39 años y padre de tres. “Eso quiere decir que no puedo trabajar y mi familia pasa hambre”.

En la capital de Nigeria, Abuya, la restaurantera Favour Ben, de 29 años, cuenta que destina buena parte de su presupuesto mensual a pagar los recibos de luz y en gasolina para su generador, pero sólo recibe energía eléctrica durante 7 horas diarias, en promedio.

“Ha sido muy difícil, sobre todo después de pagar tu recibo de electricidad y ellos no te dan luz. La mayor parte de las veces, preparo los pedidos de los clientes, pero si no hay electricidad (para un refrigerador), al día siguiente se echa a perder (la comida y) pierdo dinero por eso”.

Los negocios en Nigeria reportan una pérdida anual de 29 mil millones de dólares a consecuencia del suministro inestable de electricidad, señala el Banco Mundial. A los proveedores de servicios básicos se les dificulta mantener sus operaciones a flote con generadores.

Este mes, cuando se reunieron delegados en Ciudad del Cabo para debatir los retos energéticos de África, imperó un sentimiento rotundo de que la prolongada escasez energética en el continente debe ser atendida con urgencia. Había cierta esperanza de que la iniciativa Just Energy Transition genere algunas oportunidades, pero muchos se mantienen escépticos.

Entre los mayores críticos de los intentos para que países como Sudáfrica hagan la transición rápida del uso de carbón a energía más limpia está el ministro de Recursos Minerales y Energía de Sudáfrica, Gwede Mantashe.

Figura entre los partidarios de que África utilice todos los recursos a su disposición con el fin de producir la cantidad de energía adecuada para el continente, entre ellos el gas natural, la energía solar, la eólica, la hidráulica y sobre todo, el carbón.

“El carbón estará con nosotros por muchos años más. Quienes lo consideren corrupción o un camino hacia ninguna parte, se van a decepcionar durante muchos, muchos años", dijo Mantashe. "El carbón vivirá más que muchos de nosotros”. ___ Los periodistas de la AP Chinedu Asadu en Abuya, Nigeria; Farai Mutsaka en Harare, Zimbabue; y Rodney Muhumuza en Kampala, Uganda, contribuyeron a este reportaje.

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